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22-8-2005

Cuando alguien se opone a la experimentación animal, siquiera sólo sea argumentando que es inútil y peligrosa, se le supone un ser insensible que antepone los derechos de las ratas a los de los niños.

Cuando un medicamento probado en animales, garantizado por los resultados sobre éstos, produce infartos y mata a pacientes, ¿qué hacemos?

El antiinflamatorio de los laboratorios Merck, Vioxx, especialmente recomendado en casos de artrosis, fue probado en ratas, ratones y monos. Con los primeros, nueve estudios sobre once demostraron que Vioxx era bueno para el corazón pero, evidentemente, para el corazón de las ratas.

El año pasado Merck lo retiró del mercado porque un estudio demostraba que podía producir ataques cardiacos y derrames cerebrales en humanos, que eran quienes lo iban a usar. La setencia de estos días, por la que los laboratorios deberán pagar 208 millones de euros a la viuda de uno de sus clientes, muerto de un infarto, demuestra lo dañino que era.

La denuncia vencedora considera que Merck no utilizo otras pruebas -las que esos locos defensores de los animales ofrecen siempre como alternativa a la tortura de animales- que hubieran indicado el riesgo.

Tras esta demanda aguardan 4.200 más que representa a 7.500 afectados. Veinte millones de personas han usado Vioxx en todo el mundo y en España, según El Periódico -17 de julio del 2005-, 720 personas han sufrido infartos por usarlo.

Este no es un artículo oportunista pues desde siempre hemos advertido, como tantos otros, de lo absurdo, además de extremadamente cruel, que es la experimentación animal y parece que son necesarios casos tan flagrantes para que los que la usan se replanteen su utilización, siquiera sea por no tener que gastar sus beneficios en pagar demandas.

 

 

para más información sobre la experimentación animal, aquí

 

 

Fuente: Fundación Altarriba, El Mundo y El Periódico -17-7-2005-