[top.htm]

[left.htm]

 

Ya habíamos oído hablar de Antón Uriarte pero fue el pasado 23 de marzo cuando lo descubrimos en el programa de televisión Enfoque que, presentado por Pedro Piqueras, sometió a debate el calentamiento global. Vistas y oídas sus particulares opiniones al respecto no nos quedó otra que informarnos sobre este geógrafo y navegando por la red encontramos, entre otras referencias, una entrevista suya en elcorreodigital.com, el mismo 23 de marzo, que viene a ser un compendio de todas sus opiniones.

Antón Uriarte, basándose en los treinta años que lleva observando el clima, niega la mayor de todas las afirmaciones –teorías o evidencias- que nos llevan fácilmente a la conclusión de que, con nuestra forma de vivir, estamos destruyendo el medio ambiente y el planeta.

Según él no han aumentado los extremos de las temperaturas –olas de frío y calor-, el planeta no se calienta, sino que se enfría, la Tierra no se está desertizando, al contrario, se ve más verde, no hay islas y costas condenadas a desaparecer por el aumento del nivel del mar, el hombre no es responsable del cambio climático, un poco más de calor nos vendría bien y, por todo ello, podemos estar tranquilos con lo que estamos haciendo.

Partimos de una base al tratar de rebatir tan sorprendentes afirmaciones: que Antón Uriarte no se ha inventado nada de lo que dice y que todo ello lo deduce de sus estudios. Pero también tenemos en cuenta que tan rigurosas y científicas son las conclusiones del Panel Intergubernamental para el Cambio Climático de las Naciones Unidas y de decenas de científicos de todo el mundo que dicen lo contrario.

 

Vamos a tratar de rebatir, con la mayor brevedad posible, cada contundente afirmación de este señor empezando por la mayor, también: no se está produciendo un cambio climático o si está ocurriendo es algo natural y, en cualquier caso, el hombre tiene poco que ver con él. 

 

Nos dice A.U. que el clima ha estado cambiando siempre, lo que es fácil suponer; pero lo que nos alarma es a la velocidad a la que cambia. Estamos hablando de un período de tiempo ridículo comparado con los grandes cambios que emplean miles de años en evolucionar. Cualquiera sabe que nos pasamos la vida envejeciendo, pero cualquiera se pensaría en acudir al médico si, en pocos meses, su pelo se volviera blanco, o si su piel se llenara de arrugas.

Pero, en cualquier caso, para A.U. el calentamiento no es tal pues, como explica referido a los pasados fríos de este invierno, aquí hizo más frío porque donde debía hacerlo, en el Artico, por influencia de Groenlandia, hizo más calor; aquel calor empujó el frío para el sur, de lo que deduce, con otros ejemplos concretos, que cuando aquí hace más calor de lo normal es que en otro lugar está haciendo más frío, lo que nos llevaría a un perfecto equilibrio.

Los datos que aporta el IPCC no hablan de ese equilibrio sino, más concretamente, esto: la temperatura media de la superficie ha aumentado desde finales del siglo XIX 0,6 grados, la década de los noventa ha sido la más cálida y 1998 el más cálido, quizá también del milenio –todos estos datos son anteriores al caluroso verano del 2003- referido todo ello al hemisferio norte. Probablemente, a falta de datos que lo confirmen, ocurriría lo mismo con el hemisferio sur.

Según A.U. que el hombre sea el causante de ese calentamiento y del cambio climático es un cuento pues el clima cambia naturalmente. Si el clima se está calentando naturalmente, nos cuesta creer que parte de ese calentamiento no sea responsabilidad nuestra cuando:

-las emisiones de CO2 ha ido aumentando incesantemente desde la revolución industrial

-los niveles de metano se han doblado en los 100 últimos años –el metano retiene 25 veces más el calor que el CO2-

-y el óxido de nitrógeno se incrementa a razón un 0,25% al año –reteniendo 230 veces más calor que el CO2-

 -las concentraciones actuales de CO2 y metano no han sido superadas en los últimos 420.000 años y las de óxido de nitrógeno en varios miles de años

–la composición isotópica del CO2 y la disminución del oxígeno demuestran que el aumento del primero se debe a la oxidación del carbono orgánico que la quema de combustibles fósiles y la desforestación provoca

-los CFCs –en claro retroceso pero con persistencia en algún caso- también contribuyen notablemente al efecto invernadero

 

Si la tierra se calienta de forma natural, se calienta más aún por el efecto invernadero que produce nuestra actividad industrial y cotidiana.

Pero es que resulta que para A.U. no es malo, sino bueno, que el planeta se caliente, porque de ésta manera aumenta la vegetación.

Y es cierto que a las plantas les viene muy bien el CO2, y que es bueno que haya muchas plantas. Pero también es bueno el frío para conservar los alimentos, evitar las plagas y el agua, ¿quién no lo sabe? es fundamental para nuestra vida.

Pero mucho frío acaba con nosotros, mucha agua, también, y nadie soportaría vivir en un invernadero lleno de plantas tropicales, entre el calor y su abundante humedad. Un excesivo calor acaba con unas plantas y el frío con otras; el oso polar difícilmente sobrevivirá en un Polo Norte descongelándose como tampoco lo haría un avestruz en un clima lluvioso –sus plumas no rechazan el agua como las de otras aves-.

Todo depende de la cantidad de cada cosa, y de que cada especie está adaptada a unas situaciones climáticas, y si bien es cierto que puede adaptarse a otras distintas, necesita un tiempo mucho mayor que el que los cambios que venimos sufriendo permiten. 

 

 

La desaparición de los glaciares no es consecuencia de una mayor temperatura, porque en los polos se tiende a un enfriamiento, los desiertos no avanzan, al contrario, la Tierra cada vez se vez más verde y el nivel del mar tampoco aumenta.

Reconoce A.U. que “parece que los glaciares están disminuyendo”, aunque no todos. Desde nuestra ignorancia no se nos ocurre otro motivo que el calor, él, desde su sabiduría de doctor geógrafo no nos aclara el motivo y lo necesitaríamos porque que una tendencia al enfriamiento en los polos reduzca sus hielos es muy complicado de entender.

Hay un punto en el que no podemos estar completamente en desacuerdo con A.U. por la sencilla razón de que no hemos encontrado ninguna confirmación de que así sea: los desiertos no tienen por qué estar avanzando. No está demostrado, vaya. Pero también cuesta muchísimo creer que con la continua deforestación que sufre nuestro planeta – ¿o tampoco hay deforestación?- la Tierra se vea más verde. Es lógico pensar que a mayor deforestación, más posibilidades de que una tierra se dirija a convertirse en un desierto. A.U. tendría que tener cuidado, quizá, con las engañosas imágenes que pueden ofrecer plantaciones artificiales de árboles, tan empobrecedoras como efímeras, a los ojos de un satélite.

 

El nivel del mar no está creciendo porque el mar no es liso y en cada zona puede tener un nivel.

No se trata, evidentemente, de que en unos sitios esté más alto que en otros, sino que en cada lugar esté más alto el nivel del mar que lo estaba diez años atrás, o cincuenta, o cien. Dos estudios publicados   en marzo pasado en la revista Science  preven que si la emisión de gases de efecto invernadero se estabilizara en los niveles del año 2000, la temperatura del planeta subiría medio grado y el nivel del mar 20 cms. a lo largo de este siglo; si se mantiene la tendencia actual, 3,5 grados sería el aumento de la temperatura y más de 40 cms. el del nivel del mar.

 

Como tan rebatibles afirmaciones de A.U. nos sorprende su manera de razonar las cosas, hasta hacernos pensar que una idea prejuzgada dirige el análisis de los datos que obtiene. Lo pensamos, por ejemplo, cuando en la citada entrevista se le advierte del deshielo en el Kilimanjaro y parece no preocuparle porque sólo representan 2 kms. cuadrados de hielo cuando en el planeta hay 16 millones de kms. cuadrados. Una minucia, dice, y obvia un dato a tener muy en cuenta y que él mismo señala: que en 1912 los hielos del Kilimanjaro ocupaban 12 kms. cuadrados, seis veces más que menos de cien años después.

De la misma manera encontramos curioso que para rebatir que hay un calentamiento global use lo ocurrido este invierno y que ya hemos citado: aquí hizo más frío del habitual porque Groenlandia vivió uno de los febreros más cálidos de su historia, ergo, donde debía hacer frío hizo calor... algo se está calentando.

 

En cualquier caso, encontramos una irresponsabilidad, por muchos datos y conocimientos que haya detrás, el que casi se anime a seguir en un modelo de vida y producción que, según la mayoría científica, y la evidencia cotidiana de cada uno, que nosotros también tenemos ojos,  está consumiendo los recursos y el futuro del planeta. La A.O.S.I.S. es una asociación internacional de pequeñas islas-estados donde no duermen tan tranquilos como Antón Uriarte, porque ven peligrar su suelo y su existencia. El mar tarda más en asimilar los aumentos de temperatura, aunque ahora mismo frenáramos en seco nuestro derroche energético su temperatura seguiría aumentando mucho más allá de cuando hayan desaparecido quienes lo calentaron. Antón Uriarte tampoco estará aquí, ni si estuviera podría evitarlo con toda su sabiduría, cuando, si se está equivocando –como parece evidente- suba el nivel del mar, se pierdan tierras fértiles, desaparezcan especies y vivir en este planeta sea mucho más difícil.

Aún en el caso de que ecologistas y científicos estuvieran equivocados, las medidas que se propugnan contra el cambio climático son buenas en general: reducen la contaminación –aunque también tenemos en estas páginas quien afirma que es buena-, alargaría la vida de muchos recursos naturales, frenaría el deterioro general del medio ambiente, etc. Las que personas como Antón Uriarte animan a mantener sólo benefician a quien se enriquece con el petróleo.     

 

 

 

 

Fuentes: principalmente www.esi.unav.eswww.fisicaysociedad.es, www.elcorreodigital.com y Teerce informe del IPCC