Cría intensiva: comer sufrimiento

 

 

 

Una de las características que más diferencia a nuestra especie de cualquier otra es la creencia, en nada desinteresada, de que este mundo ha sido creado para nuestro uso y disfrute, que todo lo que en él se halla está a nuestra disposición pues, de otra manera, no tendría sentido su existencia. Y, más aún, entendemos que riquezas naturales, energías escondidas y belleza sin fin estaban aguardándonos, no ya a la especie humana, sino a nosotros, a los que hoy estamos aquí, pues consumimos sin pensar en el mañana ni en los que vendrán, aunque si nuestros antepasados hubieran tenido parecidas actitudes poco hubiera quedado hoy para nosotros.

Nuestra creencia de posesión va más allá de ríos, petróleo o tierras fértiles, apropiándonos de los demás seres vivos, sean cuales sean, aunque sean  mamíferos como nosotros o, mirándolos, encontremos casi a un antepasado. Y los poseemos sin ningún miramiento y sin ningún límite: les sacamos todo el provecho posible y, para ello, parece importarnos poco el saber que, si no tienen sentimientos, sí sienten el dolor, la soledad, la falta de libertad o el mal trato.

Siempre estará justificado lo que hagamos con o contra ellos: el alimento y supervivencia de cada uno de nosotros, el progreso de la ciencia y la salvación de vidas humanas, el medio para contactar con la naturaleza o el pasar un rato una calurosa tarde de verano.

En este artículo no vamos a ocuparnos de la experimentación con animales, la caza, el circo o los toros si no el modo, cada vez creciente, de explotar a los animales para alimentarnos, sin entrar, tampoco, en lo recomendable que pueda ser para la salud su consumo o lo prescindible que pueda ser éste.

Simplemente queremos que cuando usted esté frente a un plato de pollo, ternera o huevos fritos, cuando beba un vaso de leche o coma un yogur, cuando meriende un bocadillo de pavo o jamón york, sepa el sufrimiento y la miseria que, seguramente, han sido necesarios para producir ese bocado. Nada más que eso, la decisión final siempre será suya.

GALLINAS PONEDORAS

La selección a la que se ha sometido a las gallinas ha creado dos tipos de animales perfectamente especializados: la gallina ponedora y el pollo para carne. Por eso, lo primero que se hace en una granja de puesta intensiva es separar a las hembras de los machos. Estos terminan su existencia nada más nacer, arrojados vivos a máquinas con cuchillas o a cubos con gas.

A los pocos días de su nacimiento las gallinas sufren la mutilación de su pico para que en la vida de hacinamiento y estrés que les espera no hieran o, incluso, devoren a sus compañeras. Aparte de las molestias que la pérdida de tan fundamental parte de su cuerpo les supone, su comportamiento natural se ve alterado.

Tras haber vivido unas dieciocho semanas sobre paja, las gallinas pasan a las jaulas en batería: jaulas de 45x50, que compartirán con cuatro gallinas más, apiladas hasta cinco alturas y en hileras interminables. Allí, donde al menos pasarán un año de vida, el resto de su vida, estarán casi siempre de pie y, todo lo más, acurrucadas sobre un suelo enrejado sin poder ni andar ni extender las alas.

No verán la luz del sol, aunque tampoco conocerán la oscuridad reparadora, pues la iluminación artificial contínua las estimula a poner más huevos.

De resultas de esta cautividad perderán las plumas, les crecerán las uñas y se les deformarán las patas hasta atrofiárseles. Tampoco podrán asearse como siempre lo han hecho, dándose baños de arena, ni buscar la comida picoteando o escarbando en la tierra. Tan aburrida existencia provocará ansiedad en ellas y una agresividad que, como antes decíamos, las puede llevar a matarse unas a otras.

El objetivo de todo este sistema es que los híbridos de gallinas que conocemos pongan de 270 a 300 huevos al año, muchísimos más que los 20 que sus antepasadas de raza ponían. Para ponerlos no podrán disfrutar de la intimidad  que de forma natural necesitan en un nido construido por ellas; tratarán de esconderse bajo las otras gallinas y, tras la puesta, la cloaca roja y húmeda, hinchada, atraerá la atención de las demás, que podrán encontrar picoteándolo un entretenimiento que puede resultar mortal.

El hacinamiento, con la consiguiente falta de higiene, favorece la extensión de enfermedades renales, hepáticas y la enfermedad de Marek -un tipo de cáncer-.

Normalmente, tras un año de esta vida, la gallina ya está agotada y sólo le resta el matadero.

POLLOS PARA ENGORDE

Esta otra rama de la especialización de gallinas y pollos está seleccionada genéticamente para crecer rápidamente, convirtiendo a los pollos en seres hambrientos que comen mientras tienen comida y que son ayudados con otras substancias a doblar su peso en pocas semanas.

Aunque la vida normal de uno de estos pollos puede llegar a seis o siete años, son seis o siete semanas basta para que engorden en naves atestadas con miles de pollos que se amontonan sin apenas luz natural ni ventilación. Tan rápido y artificial crecimiento afecta al cuerpo que debe soportar un peso tan elevado deformando su esqueleto y sus órganos internos, por lo que sus huesos se rompen con facilidad y su articulaciones se dislocan.

El engorde produce además síndromes hepáticos y renales y ataques al corazón provocados por el exceso de grasa, y ascitis, acumulación de líquido interno y sanguinolento por la necesidad de oxígeno ante el rápido crecimiento y un espacio menor para la circulación de la sangre.

El pollo, muchas veces, llega hasta nosotros con los restos de ulceraciones y llagas en las patas y corvejones producidas por la falta  de movilidad, o ciego, debido al amoniaco utilizado para combatir la fermentación de las heces de los gallineros.

Su sacrificio corresponde al tipo de vida que han llevado: son trasladados a puñados hasta cajones donde se amontonan para su transporte. Posteriormente serán aturdidos para cortarles el cuello y finalmente escaldados, sin que nadie garantice si todos están completamente inconscientes en el momento de su muerte o muertos al pasar por la cuba de escaldado.

GALLINAS Y GALLOS PARA CRIA

Tanto las gallinas ponedoras como los pollos para engorde, lógicamente, provienen de unas gallinas y gallos que dedican su vida exclusivamente a la reproducción y que no viven en mejores condiciones que sus descendientes.

También viven encerrados y amontonados, sufriendo el amoníaco y sus consecuencias y, como en otras especies, son las hembras, las gallinas, las que se llevan la peor parte: a ellas se les mutila el pico para evitar agresiones, mientras que los machos deben mantenerlo para sujetar la cresta de la gallina durante la cópula.

En cuanto a la alimentación, es el macho el que más sufre las consecuencias de haber sido creado para engordar: comer mucho está bien para un pollo de engorde, pero en un macho reproductor, un elevado peso disminuiría su fertilidad, por lo que se le mantiene a dieta con raciones mínimas. El gallo buscará bajo heces y paja su alimento y se hartará de agua tratando de saciar su hambre. Como beber tanta agua produce deposiciones líquidas que empapan la paja, también el agua está racionada.

Cuando las gallinas, agotadas por cruces excesivamente numerosos, ponen menos huevos y los gallos agotan su semen también son sacrificados para convertirse, mayormente, en sopas.

VACAS LECHERAS

Estos animales son también fruto de la selección genética encaminada a transformar a animales de pequeñas ubres en máquinas que producen diez veces más de lo que consumiría una cría. La desproporción de estas ubres, que cuelgan cercanas al suelo, fuerza a la vaca y, en ocasiones, le produce cojera.

Su alimentación también tiene por objeto producir cuanta más leche mejor, y no se basa en los alimentos que la vaca escogería, de poder hacerlo, sino en forrajes fermentados -200 veces más contaminantes que nuestras aguas residuales- y piensos concentrados ricos en proteínas hechos con soja, harinas de pescado y, el no va más, harinas cárnicas para un herbívoro, causantes de la muy conocida enfermedad de las "vacas locas".

El no comer ni los alimentos propios de su especie ni en la forma natural, pastando, altera su conducta, como en el caso de las vacas que dan vueltas a la lengua. Y es que en la vida de estos animales hay poco de natural pues hasta la fecundación se realiza de cualquier manera menos como sería lo normal: con inseminación artificial -con la introducción casi manual del semen en el útero por parte del granjero-, trasplante de embriones -inyectando hormonas que estimulan artificialmente la ovulación- o con fecundación in vitro.

Tal alimentación y alteraciones fisiológicas desembocan muchas veces, aparte de la EBB, en enfermedades como ketosis, fiebre de leche, tambaleo de la hierba o mastitis -con heridas purulentas cuyo pus acaba en la leche que nos bebemos-.

TERNERAS

Las terneras, como hemos visto con los pollos de engorde y como veremos con los cerdos, no tienen en la cría intensiva más aspiración en la vida que engordar para morir. Por ello también se recurre a lo que haga falta, como las harinas cárnicas o el clembuterol, y se confina al animal para que el desgaste sea mínimo.

Las terneras viven encajonadas en naves cerradas, sin poder mover nada distinto de las mandíbulas, con el plato delante del hocico como único horizonte.

CERDAS REPRODUCTORAS

Otra versión de la especialización a la que tenemos sometidos a los animales de cría intensiva es la de las cerdas que se dedican exclusivamente a producir crías. Esta cualidad les cuesta vivir las dieciséis semanas de embarazo y las tres de lactancia inmovilizadas en una jaula.

Si cabe, el período de la lactancia es el más enojoso, pues la cerda tiene que permanecer tumbada continuamente para que sus lechones se amamanten sin cesar para crecer rápidamente. En esta posición no se pueden rascar, caminar o escarbar, viviendo, muchas veces, sobre el lugar donde orina y defeca.

CERDOS PARA ENGORDE

Como en otros casos, los descendientes no tienen mejor futuro que sus madres. El hacinamiento, característica común de la ganadería intensiva, también ocurre en este caso y es, como en el de pollos o vacas, la mejor manera de que enfermedades que el animal podría superar si tuviera todas sus defensas naturales, estuviera correctamente alimentado y se le aislara, desemboquen en epidemias y matanzas inútiles.

Pero los tormentos de los cerditos, tan rosados y simpáticos, empieza muy pronto, cuando se les castra manualmente -aunque nunca alcanzarán la madurez sexual- y se les corta el rabo y los dientes, para dominar su agresividad.

Después, pese a que el cerdo es un animal social, se le encajonará entre rejas, junto a muchos otros pero sin posibilidad de relación, para que coma lo necesario para engordar pronto y para que se mueva lo menos posible.

A los seis meses, después de haber contaminado el medio ambiente con sus purines, sufrirá largos traslados y será sacrificado.

Como prueba de que España lidera las malas condiciones en la cría de cerdos está el que otros países europeos envíen sus crías aquí, para que se las engorde sin contaminar sus países de origen, y luego vuelvan, ya gordos, y aún vivos, en larguísimos viajes, para ser sacrificados.

OCAS

Uno de los manjares más exquisitos y caros es el paté de hígado de oca. Su obtención requiere una de las peores torturas que se aplica en la avicultura intensiva.

A las habituales condiciones de hacinamiento se une la peculiaridad de la alimentación necesaria para obtener foie gras: mientras se le inmoviliza el cuello, un tubo de 40 centímetros penetra a través de él para entrarle la comida. Esto ocurre dos o tres veces al día. Si intenta regurgitar la comida, se le impide sujetándole el cuello.

La ingesta a la que se le somete es deficiente en nutrientes para que la oca acumule grasa en el hígado y convierta lo que en condiciones normales pesaría 120 gramos y sería rojizo en algo de hasta dos kgs. de peso y un color amarillento, brillante y grasiento.

Esta alimentación provoca desórdenes en el corazón, ruptura de células membranosas del hígado, osteofagitis y lesiones en la molleja y en el intestino, además de dolor y sufrimiento.  

PAVOS, PATOS, CODORNICES Y AVESTRUCES

Ya sea por poseer una carne más saludable, por exotismo o por otros motivos, estos cuatro animales se han incorporado más recientemente a la cría intensiva sin que la novedad haya supuesto ninguna variación en su forma de existencia respecto a los ya citados.

El menor contenido en grasa de la carne de pavo ha hecho que estos animales sufran en la cría intensiva parecidas condiciones a las de los pollos en cuanto a hacinamiento, engorde, corte de pico, imposibilidad de nidificar, enfermedades, etc. La variante, en este caso, podría ser el de la inseminación artificial, que se realiza tras "ordeñar" manualmente a los machos, para inyectar después el semen a las hembras, a medio minuto por operación. 

Y, aunque con carne bastante grasa, los patos siguen parecido camino, en el que estarán completamente ajenos a su medio natural, el agua, como no sea para beber, derivando hacia problemas oculares y de plumaje.

En cuanto a las codornices, su caso es el más parecido a la de las gallinas y pollos: unas para poner huevos en jaulas en batería, otros para engordar y morir a las cinco semanas de vida, unos y otros para reproducirse. Ninguno volará.

El último animal en apuntarse a la cría intensiva, no voluntariamente, desde luego, ha sido el avestruz. Por supuesto en su cría nadie piensa en que son grandes animales capaces de correr a gran velocidad, por lo que viven en pequeños corrales.

Sus polluelos, que no están hechos para las temperaturas bajas o la lluvia -no tienen impermeabilizadas sus plumas-, son amontonados en naves. Así mismo, el instinto natural de estos animales hace peligrosa la recogida de los preciados huevos, a los que los machos defienden. 

 

Esto es, por lo tanto, lo que hay tras nuestros platos y nuestras comidas. El desconocimiento de estas condiciones de cría podrá llevar a muchos a pensar que éste es un exagerado artículo o que en él se reflejan todas las condiciones extremas seleccionadas.

Pero no es así, pues han quedado en el tintero o no se ha hecho mucho hincapié en asuntos como  las insoportables condiciones de transporte hasta los mataderos que sufren estos animales como si de fardos se tratara, las salvajes técnicas utilizadas en el sacrificio o la alimentación que, sobre todo, sufren, todo ello para no hacer exhaustivo este informe ya que no hay necesidad de "extremar" la verdad para que quede bien reflejado lo que la cría intensiva de ganado supone.

Mostrar interés y hasta horror por semejante sistema que tortura y humilla a millones de animales cada día puede parecer una frivolidad cuando millones de personas son, igualmente, torturadas y humilladas a diario por el hambre, las guerras o la violación de los derechos humanos. Hemos de tener en cuenta, por un lado, que la actitud que hace posible considerar a nuestra especie dueña de este planeta, sus recursos y sus seres vivos para su uso y disfrute, como decíamos al principio, es la misma que hizo posible que quienes colonizaban América -norte, centro y sur- se sientieran dueños y señores de tierras, recursos y personas, provocando todo tipos de abusos y genocidios, o la que hizo posible durante siglos la esclavitud, o la que hace posible, cada día, que unas personas crean tener derechos sobre otras para explotarlas laboral, sexual o económicamente, por citar algunos ejemplos.

Y sobre todo no podemos ignorar que la desgracia que supone para los animales la cría intensiva no es un accidente o un contratiempo, es algo que los humanos producimos y mantenemos para nuestro beneficio y por nuestra forma de vida. Somos nosotros los causantes, no un temporal o una sequía, y somos nosotros los responsables de ese sufrimiento y de su posible solución.

Por último, desde el lado más interesado, aunque así sea, la cría intensiva es muy contaminante para nuestro contaminado medio ambiente -purines, piensos fermentados, residuos...- y produce animales estresados, enfermos y mal alimentados que no pueden ser buenos para nuestra salud, como cada vez más queda demostrado.

Acabaremos recordando la intención de este artículo: el que nadie ignore las condiciones necesarias para que nos comamos un pollo asado o desayunemos un vaso de leche, que quede claro que toda carne que no proceda de cerdos ibéricos, todos los huevos y pollos que no provengan de aves de corral y toda la carne, leche y huevos que no proceda de la ganadería biológica, con casi total seguridad, arrastrará hasta nuestros platos y cocinas el sufrimiento antes descrito.

Alternativas hay, éstas y otras. Quien quiera seguir como hasta ahora, después de leer este artículo, sabrá lo que está provocando.

 

NOTAS PARA LA ESPERANZA

Para que no todo sea negativo en este artículo y nos quede abierta una posibilidad de que los sufrimientos descritos puedan ir a menor, nombrar la prohibición de las jaulas en batería para las gallinas que debe entrar en vigor en el 2012, la prohibición de atar a las cerdas en granjas a partir del 2006 y la entrada en vigor el 1 de enero de este año de una ambiciosa normativa para todas las  granjas de nueva construcción dedicadas a  la cría de cerdos con una serie de obligaciones en cuanto a estabulación, nivel de ruidos, intensidad de luz, alimentación, etc. etc., que será obligatoria para las ya construidas a partir del 2013. 

INVESTIGACIÓN MAYO 2010

 

 

Fuente: The Ecologist -núms. 4 y 11-, FAWN y, sobre todo, la Asociación para la Defensa de los Derechos del Animal, de donde procede la mayoría de la información y quienes nos han cedido la totalidad de las fotografías.  

WB01337_.gif (904 bytes) PAGINA PRINCIPAL