|
[top.htm] |
|
[left.htm] |
Nos hablan de progreso y lo dejamos todo; nos cuentan una novedad, un avance y no reparamos en gastos, ni en daños, para conseguirlo. Nos hablan contra el progreso y nos vemos vistiendo pieles y oyendo, mientras tiritamos, la lluvia que amenaza la cueva en la que nos refugiamos. La falta de criterio, y de crítica, tan felizmente campante en estos tiempos, no hace una excepción en este asunto. No buscamos si lo que nos venden como progreso es algo de toda la vida, no discernimos si lo presentado como progreso nos va a hacer retroceder, no le seguimos la pista a aquello de lo que tantas maravillas nos contaron y se desvaneció en cuanto miramos hacia otro sitio. No diferenciamos lo que nos puede hacer un daño eterno y lo que, sencillamente, nos beneficia.
La fotografía que adjuntamos es un buen ejemplo de todo lo antedicho. Al fondo vemos las chimeneas humeantes de la central nuclear de Trillo, que produce energía y peligrosísimos residuos que durarán mucho más allá que nosotros y muchas generaciones como la nuestra. Más abajo, más cerca, unas cuantas placas solares, las que nutren el alumbrado público de Mantiel (Guadalajara): no producen residuos, usan la mayor y más antigua fuente de energía que conocemos. Ahí está el progreso, con ambas produciremos energía para vivir: una es la más sucia posible, aunque quienes sólo creen lo que tocan no lo vean, hipoteca nuestro futuro al más caro interés; otra, silenciosamente, apenas se notará más allá del día a día... Quizá nuestra mente es la que tiene que progresar para saber diferenciar uno de otro. |