El kéfir es un producto antiquísimo elaborado con leche fermentada. Para que fermente la leche se le añade la "madre", unos granos que resultan de la simbiosis de tres tipos de bacteria de ácido láctico y levaduras fermentadoras de la lactosa.

Su valor nutritivo es mayor que el de la leche o el  yogur pues contiene gran cantidad de células digeridas de levaduras que hacen que sus nutrientes sean absorbidos casi por completo por el organismo. Es de fácil digestión, pues su cuajo está formado por partículas muy pequeñas.

El ácido láctico que se forma durante la fermentación tiene propiedades antisépticas y estimula las secreciones gástricas, pancreáticas e intestinales, impide el desarrollo de bacterias como las causantes de la salmonelosis y la disentería.

Además es un desinfectante natural y calmante de erupciones y eczemas si se frota su cuajo sobre las partes enfermas. Es un excelente regenerador de la flora intestinal e idóneo para nuestra dieta habitual.

Su elaboración casera es la siguiente:

-la "madre" se reproduce constantemente, por lo que se puede obtener gratis en tiendas y restaurantes de productos naturales. En un recipiente limpio se pone una taza de "madre" y se le añade un litro de leche, a poder ser biológica o lo más natural posible.

-el tiempo de cultivo variará según la temperatura -la más adecuada son 20 grados- y la cantidad de "madre". Este suele ser de 12 a 48 horas. Durante este tiempo el recipiente permanecerá tapado con una tela bien opaca.

-posteriormente el kéfir se pasa por un tamiz, que no debe ser de aluminio. El líquido resultante ya puede ser consumido.

Es recomendable producir sólo el que se vaya a consumir en el día, aunque se conserva bien en el frigorífico durante unos días.

 

 

Fuente: número 5 de The Ecologist para España y Latinoamérica

 

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