SOBRE BOSQUES Y
PAPEL
(Respuesta al artículo publicado por Blanco
y Negro titulado "Verdades y mentiras de la ecología" de 29 de agosto de 1999
en el que no se veía especialmente necesario el uso de papel reciclado y se afirmaba que
"el 99% del papel que se comercializa en España procede de platanciones controladas
de Estados Unidos, Canadá y Finlandia, países donde la masa forestal está
creciendo").
La fabricación
de papel es un procedimiento realmente complejo que comienza cuando la madera ha de ser
convertida en pasta de papel. Para ello se puede utilizar procesos químicos o mecánicos.
El más utilizado
en el mundo es el proceso Kraft -proceso al sulfato- por el cuál los trozos de madera se
cuecen con sosa cáustica. La finalidad de este proceso es la de separar la celulosa, que
será la base del papel, de la madera. Pese a que el proceso se realiza con un sistema
denominado de "lazo cerrado", en el que la mayoría de los productos químicos
se reutilizarán en sucesivos ciclos, se producen emisiones tóxicas de dióxido de azufre
-de 1 a 3 kilogramos por tonelada de pasta producida-. El dióxido de azufre es uno de los
principales causantes de la lluvia ácida, además de producir un olor nauseabundo. Además de
ésta contaminación, las fibras de celulosa que se pierden en el proceso acaban en las
aguas residuales de la fábrica.
Otro
método también usado para obtener pasta de papel -utilizada por su peor calidad para
papel higiénico y otros desechables- es el proceso al sulfito en el que la madera se
cuece con ácido sulfúrico, siendo éste método más contaminante que el anterior -cinco
kilogramos de dióxido de azufre por tonelada producida-.
Existen
también métodos mecánicos, como apuntaba al principio. Estos, si bien son menos
contaminantes, necesitan un mayor consumo de energía. Afortunadamente se empiezan a
utilizar otros métodos menos contaminantes y de mayor ahorro energético pero, hoy por
hoy, su uso es minoritario.
Puesto que,
como ya he referido, lo que se utiliza para fabricar el papel es la celulosa, y los
árboles no son precisamente plantas muy ricas en ella -50% del total-, en uno y otro caso
más de la mitad de la madera se pierde en el proceso de fabricación de papel.
Frente a
todo esto está el papel reciclado cuyo proceso de fabricación consiste, básicamente, en
volver a hacer una pasta con el papel viejo, eliminándole la tinta. Este proceso no deja
de ser contaminante, aunque buena parte de la contaminación que produce se debe a la
propia composición del papel original -papel de autocopiado que puede contener PCBs u
otros organoclorados procedentes del blanqueo del papel-.
El proceso
de reciclaje también resulta contaminante debido a los
productos químicos utilizados para "lavar" el papel usado, pero esta
contaminación se puede reducir sustancialmente utilizando productos de baja toxicidad
medioambiental -peróxido de hidrógeno, sosa cáustica, silicato sódico, etc.-
Por otra
parte el consumo de energía y agua en la fabricación de papel reciclado es inferior al
consumo de la fabricación de papel nuevo. En el caso de la producción de papel por
métodos mecánicos se consume por cada tonelada fabricada 1.200 kw/h. y entre 15 y 40
toneladas de agua; si el proceso es químico, 700 kw/h. y 100/200 toneladas de agua,
mientras que si la pasta proviene de papel recuperado destintado se usan 400 kw/h. y
38/150 toneladas de agua.
No
hablaremos aquí de uno de los más graves incovenientes que conlleva la fabricación de
papel: su blanqueo que, siempre que se utilicen en su proceso organoclorados, supone un
peligroso problema de toxicidad.
Contemplemos
ahora una consecuencia de la fabricación de papel a partir de madera que, por sí sola, llevaría a decantarse por el papel
reciclado: el 40% de nuestras basuras se compone de papel y cartón. Este dato necesita
poca explicación. Utilizando papel nuevo consumimos árboles y medio ambiente para llenar
basureros que no sabemos ya donde colocar y que, en muchos casos, sólo se controlan con
incineraciones que producen más contaminación.
El uso del
papel reciclado, por simple operación matemática, disminuiría nuestro problema con las
basuras de manera muy importante.
En este
tercer punto veremos la que, quizá, es la más poderosa razón para usar papel reciclado
y disminuir radicalmente la fabricación de pasta de papel virgen: la tala de árboles. De
todos es sabido la importancia de los bosques pero, en muchos casos, parece no
relacionarse el consumo de papel con su disminución y, por tanto, la de todas las
ventajas que produce un bosque.
Sin ir mas
lejos: los bosques fijan más de 500.000 millones de toneladas de CO2 -mucho más que
todos los combustibles fósiles quemados en los últimos cien años-, el 75% de los
medicamentos que usamos se extraen de plantas, los bosques tropicales albergan unas
250.000 especies de plantas superiores y unas 2.600 de animales vertebrados... El bosque
frena la desertización -el 43% de nuestro territorio está sometido a procesos erosivos-,
es el mejor embalse que puede existir, suaviza el clima, etc. etc.
Y
nisiquiera es imprescindible talar un bosque entero para acabar con él: su tala parcial
lo vuelve vulnerable ante los incendios.
De esta
manera debemos relacionar estos datos y la consecuencia de la desaparición de los bosques
con estos otros: que para fabricar una tonelada de papel es necesaria 1,5 de madera, o, lo
que es lo mismo, 2,1 hra. de bosques, mientras que para producir una tonelada de papel
recuperado se emplean 1/1,2 toneladas de papel usado.
Para
finalizar esta primera parte resaltaré otros datos relacionados con el papel reciclado en
cuanto a su capacidad para producir empleo, su calidad y su precio.
La
referencia a la creación de empleo es breve. Existen varios estudios sobre este tema que
avalan la posibilidad de que la fabricación de papel reciclado cree más empleo que la de
papel nuevo. Además, se da el caso de que la industria papelera no utiliza mucha mano de
obra.
En cuanto a
la calidad del papel reciclado no tiene por qué ser inferior a la del que proviene de
pasta virgen. Recientemente en la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales de
Tarrasa se sometieron a pruebas seis tipos de papel reciclado y de ellos cuatro ofrecieron
la calidad suficiente como para durar cientos de años, mientras que los otros dos podían
hacerlo como mínimo cien años.
El precio
del papel reciclado, objetivamente, no debe ser superior al nuevo. Las razones son obvias,
como lo son para que, en algunos casos su precio sea mayor: el reciclado se demanda menos
y, quien lo demanda, en muchos casos está dispuesto a pagar más por usarlo.
Y ahora
pasemos a la otra parte del artículo de Blanco y Negro que llamó mi atención: el 99%
del papel que se comercializa procede de plantaciones controladas de Estados Unidos,
Canadá y Finlandia, países donde la masa forestal está en aumento.
Parecía
como, si con este discutible dato, se nos alejara el problema que conlleva consumir papel
nuevo y, por lo tanto, árboles y bosques.
He de
empezar diciendo que, si bien surgen muchas dudas sobre que la inmensa mayoría del papel
que se comercializa en España proceda de esos países, no he encontrado datos
actualizados para rebatirlo. No obstante me extraña que sea tan elevada la importación
cuando en nuestro país ha aumentado de manera muy importante los cultivos forestales de
especies exóticas dedicadas exclusivamente a la fabricación de papel, como el eucalipto,
habiendo pasado a dominar la superficie boscosa nacional las coníferas y el eucalipto
-48% en 1975, 60% en la actualidad- en detrimento de las frondosas autóctonas y
habiéndose multiplicado por cuatro en los últimos 40 años la tala de árboles en
España con este fin.
Pero no es
esa la cuestión, y para entrar en materia bueno será, aunque parezca innecesario,
aclarar qué es y qué no es un bosque.
Un bosque
es un entramado de vida, no un grupo de árboles. Un roble puede albergar decenas y hasta
cientos de especies de insectos, en cambio un eucalipto saquea el agua del terreno donde
se halla y no deja crecer más vida que la suya -las plantaciones de eucaliptos son
conocidas como "desiertos verdes"-.
El bosque,
con su variedad de árboles, plantas, animales, fija el suelo, retiene el agua de lluvia
en el subsuelo, mantiene la humedad con la sombra de sus copas, descompone las hojas,
ramas, animales muertos, frutos y los transforma en vida para sí mismo. Por todo ello
puede resistir mejor al fuego que una plantación de árboles, que funciona de la misma
manera que un sembrado de trigo o de melones: todo lo que se dedica a lo plantado se queda
en lo plantado y, tras aportar poco al lugar que ocupa, se lo lleva una vez segado,
recolectado o talado.
De esta
manera es muy correcta su calificación de "plantaciones controladas" al
referirse a los lugares de procedencia del papel. Lo que sí puede llamar a engaño es la
expresión "masa forestal en aumento". No dudo de que así esté ocurriendo en
Estados Unidos, Canadá y Finlandia pues, a principios de esta década se preveía que la
masa forestal de Estados Unidos se reduciría
sólo en un 0,5%, pero también estaba previsto que la biomasa se redujera en un 50%.
¿Qué
quiere decir esto? La biomasa es todo lo que produce el bosque: hojas, ramas, vegetación,
leña... Es evidente que las plantaciones forestales producen poca biomasa, pues todo el
esfuerzo que sobre ellas se realiza va encaminado al crecimiento rápido de los árboles,
para convertirlos en madera o pasta de papel. Si la masa forestal se mantiene o crece y la
biomasa se reduce de tal forma está claro que se están sustituyendo bosques de verdad
por plantaciones forestales.
Y además
se están sustituyendo bosque primarios. Un bosque primario es, aunque suene a perogrullo,
el bosque que está donde debe estar. Ha crecido de manera natural a lo largo del tiempo,
adaptándose a las condiciones del terreno donde se haya y creando una biodiversidad
ajustada al equilibrio del propio bosque.
Por
ejemplo, la semilla de caoba sólo puede
crecer en un bosque de caoba, pues necesita el manto natural de éste para desarrollarse.
De la misma manera el consumo de agua de los árboles de un bosque primario no puede
alterar las reservas de su subsuelo ni ningún bosque primario contendrá ninguna planta
dañina para su entorno. Por ello, también, determinadas especies de animales sólo viven
en unos determinados bosques, como el oso kermode de los bosques primarios templados de la
Columbia Británica.
De esta
manera podemos hablar ya en concreto de:
Canadá.
Isla de Vancouver, donde restan por talar los bosques de ocho de sus 91 grandes cuencas,
la antes citada Columbia Británica, donde sus bosques templados están seriamente
amenazados. En todo el Canadá han sido talados el 65% de sus bosques vírgenes.
Estados
Unidos. Estados de Washington y Oregón, donde sólo queda el 10% de sus bosques húmedos
templados. El bosque de Tongass, en Alaska, donde el 80% de sus zonas más ricas ha sido
talado. O la misma nación, donde queda menos del 5% de sus bosques vírgenes.
Finlandia.
Donde sólo queda el 3% de sus bosques originarios. Y si bien es cierto que en este país
la ley obliga a plantar un árbol por cada otro que se tala, las empresas madereras
finlandesas no tienen el mismo comportamiento en el exterior de sus fronteras y amenazan
importantes bosques rusos -en Siberia se talan cinco millones de hectáreas de coníferas
al año-.
Se pueden
citar otros ejemplos parecidos, que incluso pueden sorprendernos, como el de Escocia -1%
de bosques vírgenes-, Inglaterra y Galés -1,5%-, Noruega -nada- o España, con el 0,3%
de bosques viejos.
Por todo
ello considero que nisiquiera en el caso de que todo el papel que consumimos provenga de
estos países podemos estar tranquilos pues, de una u otra forma, ese consumo está
atacando el medio ambiente de esos países y, por tanto, el de todo el planeta.
Como conclusión
a esta larga carta, que espero no haber hecho demasiado densa y pesada, aunque considero
imprescindible que una argumentación semejante deba estar bien detallada, creo que las
ventajas del uso del papel reciclado sobre el papel nuevo son evidentes y afectan a todos
los campos. Consumiendo mayoritariamente papel reciclado disminuiremos los niveles de
contaminación y basuras, reduciremos el consumo energético, así como los gastos que
todo ello acarrea a nuestra economía.
Posiblemente crearemos más empleo y, como ya he dicho, sobre todo, ayudaremos a conservar
un valor tan preciado y amenazado como son los bosques, los verdaderos bosques.
No obstante no
debemos caer en el error de considerar al papel reciclado como una panacea. Fabricar papel
reciclado también contamina y consume energía, antes de utilizar el papel reciclado o
cualquier tipo de papel hemos de evitar consumirlo innecesariamente.
En el mejor de
los casos no todo el papel se puede reciclar y nisiquiera todo el papel reciclable se
puede usar en los procesos de reciclado. Debemos, por lo tanto, ahorrar papel, hay muchas
maneras sencillas y que en modo alguno disminuyen nuestra calidad de vida -la más
sencilla del mundo: usar el papel por las dos caras siempre que sea posible, otras muchas:
no usar productos de papel o cartón desechable que sólo sirven para una vez y que
después son basura-.
(Los datos que
aparecen en este informe han sido obtenidos, a su vez, de los informes de Greenpeace
"El papel, su impacto sobre el medio ambiente", "Los últimos bosque
primarios de la tierra" y "El papel, ¿un producto ecológico?",
"Reciclando materiales, manteniendo puestos de
trabajo", de Worlwatch Institute, "El libro del reciclaje" de Alfonso del
Val -refs.- "Haz un buen papel" de Manuel Valero -refs-, y "Atlas del Medio
Ambiente", de G. Lean y D. Hinrichsen, editado por ADENA/WWF).
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