|
[top.htm] |
|
[left.htm] |
En 1971 cinco jóvenes a bordo de un viejo pesquero se embarcaron para evitar pruebas nucleares de Estados Unidos que afectaban a Canadá. De aquello surgió Greenpeace. Patrick Moore era uno de esos cinco jóvenes y, posteriormente, fue el director internacional de la organización ecologista durante siete años. La abandonó en 1986. Hoy Patrick Moore dirige Greenspirit y, en una entrevista del 4 de julio en el diario económico Expansión -que podemos facilitar en PDF- acusa gravemente a los ecologistas y sus organizaciones de tener montado un negocio fomentando el miedo en las personas sin ningún fundamento. Esta es la transcripción literal de varias de sus afirmaciones: "Muchos de estos movimientos se han convertido en una industria basada en el miedo. Funciona mediante el mensaje oscuro de "yo acabaré con los malignos transgénicos que van a matar a tus hijos si me das dinero". "La mayoría -de los activistas- son ovejitas. Pero los líderes, con más canas, son activistas políticos. Su forma de vida está basada en atemorizar a la gente. Creo que es algo casi criminal. Y cuentan con una gran ventaja: no tienen que responder de las mentiras que dicen". "Los activistas ecologistas son expertos en protestar, culpabilizar al sistema, hacer propaganda y parecer muy seguros de sí mismos. Además, desgraciadamente, ahora se están desarrollando grupos de científicos activistas,que se han dado cuenta de que pueden conseguir subvenciones por mero hecho de ser polémicos o por meterse en política. Esto es muy difícil de combatir". Patrick Moore justifica su salida de Greenpeace por estar harto de trabajar con problemas y no con soluciones. Defiende los transgénicos, a los que considera completamente seguros, al considerar que cuanto más rendimiento se le pueda sacar a una hectárea de tierra, menor daño se hará a la biodiversidad; contra el cambio climático opta por la energía hidroeléctrica -y sus embalses y presas- y la energía nuclear.
Habitualmente, en esta sección de contradicciones, solemos rebatir punto por punto lo que entendemos erróneo de lo que se afirma. Aquí no vamos a defender a ninguna organización ecologista, porque ellas solas lo saben hacer muy bien y, si acaso, invitamos al lector a visitar las webs y los hechos de cada una de ellas. Pero no podemos dejar pasar palabras que ofenden nuestra inteligencia y que se estrellan por sí solas contra la realidad. El ecologismo es tan industria, tan negocio, y de él viven muchas personas, como lo son las distintas ONGs que salvan vidas, educan niños, luchan contra la pobreza. Lo son muchísimo menos que los partidos políticos, por ejemplo, o la clase política. Quien quiera ganar dinero, sobre todas las cosas, se irá a un partido político, una empresa química, de comunicaciones, o una central nuclear, por ejemplo, no a complicarse la vida con causas difícilmente ganables. Los que destruyen el medio ambiente y viven de ello son los que habitualmente utilizan el miedo -la vuelta a las cavernas, el desastre económico si no se sigue emitiendo CO2 a mansalva, el paro, si no se consume sin medida- y manipulan las conciencias -los transgénicos son para acabar con el hambre, la energía nuclear para que progresen los paises en desarrollo-. Junto a ellos, porque pagan mucho mejor, quizá, están los grandes propagandistas, las empresas que montan campañas publicitarias o compran conciencias. Por lo que hemos visto últimamente es más fácil acusar a un pacifista de violencia, por ejemplo, que hacer pagar a los causantes crímenes medioambientales -Doñana, Prestige-, mucho más aún responder sobre mentiras. Afortunadamente hay científicos que prefieren complicarse la vida, siguiendo los dictados de su ciencia, criticando los desmanes contra la naturaleza a seguir a la sopa boba de multinacionales que pagan a precio de oro las mentiras y las medias verdades.
En fin. Nosotros, aunque juez y parte, que vemos casi a diario lo que hacen unos y otros, entedemos que las organizaciones ecologistas están hartas de ofrecer alternativas a los problemas que denuncian, otra cosa es que quien debe tenerlas en cuenta rebose sus papeleras con esa propuestas. Y, aunque no se trata de eso, puestos a elegir, preferimos ser ovejitas a borregos.
Fuente: diario Expansión, 4-7-2005 |