| La polémica del aspartamo (E 951) |
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| El aspartamo es uno de esos asuntos relacionados con la alimentación, la salud o el medio ambiente que resultan tan controvertidos y las posturas enfrentadas tan radicalmente distintas que uno acaba por no saber quién dice la verdad o quién está equivocado. Mediante este informe, repaso de los que lo ven peligroso y de los que no creen que haya ningún riesgo en su consumo, trataremos de aclarar un poco esta cuestión conscientes de que, una vez leído, acabe sirviendo para aumentar aún más la confusión. Para ello empezaremos por saber Qué es el aspartamo. Es un edulcorante doscientas veces más potente que el azúcar por lo que su aporte calórico es muy bajo. No tiene ningún regusto y es relativamente estable en medio ácido, aunque resiste mal el calentamiento fuerte. Está formado por dos aminoácidos -fenilalanina y ácido aspártico-, uno de ellos modificado por la unión de una molécula de metanol. Su uso hoy en día se extiende a chicles, refrescos carbonatados, vitaminas masticables, helados, dulces y aerosoles mentolados, bebidas de té, batidos de leche, postres helados, yogures, rellenos para galletas, mermeladas y compotas, etc. etc. Su curiosa historia. Fue descubierto accidentalmente en 1965 por James Shlatter, químico empleado por la farmacéutica estadounidense G. D. Searle. Tras su descubrimiento se pusieron en marcha varios estudios sobre su seguridad y en 1973 se solicitó permiso para su comercialización como edulcorante a la FDA -Foods and Drug Administration-. La FDA concedió esta autorización en 1974 y cinco meses después la retiró. Esta retirada fue producida por las dudas surgidas sobre la validez de las comprobaciones realizadas. Estas dudas surgieron a raíz de una reclamación hecha por el defensor del consumidor basándose en un estudio del Dr. Olney de la Universidad de Washington donde encontró que el aspartato, uno de los componentes del aspartamo, destruía células nerviosas en cerebros de ratones. Así mismo, el Dr. Adrian Gross, toxicólogo de la FDA, encontró irregularidades en estudios realizados sobre otro producto de G. D. Searle. Posteriormente fueron analizados tres de los estudios realizados sobre el aspartamo en los que se encontraron errores de bulto impensables, al decir de los expertos, en cualquier estudio toxicológico respetable. Así pues la FDA procedió a inculpar a G. D. Searle por fraude ante el fiscal federal de Estados Unidos por premeditación al ocultar hechos y facilitar informes falsos sobre estudios realizados en animales para establecer la seguridad del aspartamo. Estos estudios habían sido realizados en 1970 por lo que el tiempo apremiaba para evitar que la caducidad legal hiciera imposible el procesamiento de G. D. Searle. Y es aquí cuando los abogados de Searle invitaron al fiscal federal, Samuel Skinner, a formar parte de su firma, invitación que S. Skinner aceptó, dejando vacante el puesto y provocando, en definitiva, que expirara el plazo legal en tanto se nombraba otro fiscal. En 1978 nuevos estudios sacaban a la luz el riesgo del aspartamo sobre la salud y abrían un gran debate al respecto, un PBOI. Este PBOI fue el que, en 1980, recomendó la prohibición del aspartamo hasta que se demostrara que no existía relación entre el consumo de aspartamo y los tumores cerebrales. La decisión final quedó en manos del comisionado de la FDA, Arthur Hull quien, sin más estudios de por medio, aprobó en 1981 el uso del aspartamo en alimentos secos y en 1983 en bebidas. Hecho esto, Arthur Hull abandonó su puesto y pasó a trabajar en Burson-Masteller, empresa de relaciones públicas, encargada de las relaciones públicas de G. D. Searle. Por qué unos lo ven peligroso y cómo rebaten los otros las acusaciones. Como ya hemos dicho al principio el aspartamo se compone de fenilalanina, ácido aspártico y metanol. La fenilanina es un aminoácido que se encuentra normalmente en el cerebro. Según los correspondientes estudios, el aspartamo puede incrementar los niveles de este aminoácido y de tirosina en el cerebro y puede suprimir la habitual subida de triptófano que sigue a una comida rica en hidratos de carbono, lo que puede ser causa de alteraciones en la conducta y dolores de cabeza. Frente a esto los defensores del aspartamo estiman que la fenilalanina, como el aspartato, son constituyentes normales de las proteínas, siendo ésta, además, un aminoácido que el organismo necesita y sólo puede obtenerlo de la dieta. Si bien reconocen que concentraciones altas de fenilalanina en la sangre están asociadas al retraso mental, opinan que el uso del aspartamo produce una elevación de fenilalanina menor que la producida por una comida normal, y que grandes cantidades ingeridas sólo accidentalmente producen concentraciones menores que las consideradas nocivas. Por su parte el ácido aspártico, o aspartato, es, junto al glutamato un aminoácido que actúa como neurotransmisor en el cerebro. Los estudios de J.W. Olney demostraron que grandes dosis de glutamato y aspartato administradas a ratones les producía la muerte celular en determinadas zonas del cerebro, pues sobreestimulaba las neuronas. Estos efectos, según los citados estudios, pueden producirse en otros órganos cerebrales incluso con bajas dosis. Los que defienden la inocuidad del aspartamo reconocen que las ratas de laboratorio, sometidas a períodos prolongados de dosis masivas de aspartamo pueden sufrir algunas dolencias pero esto, según ellos, no tiene por qué ocurrir de igual manera en el hombre. Y, en cualquier caso, consideran que habría que consumir muchos litros de bebidas endulzadas con aspartamo, muy superiores a los consumos habituales, para que hubiera algún riesgo. Finalmente el metanol, el tercer componente del aspartamo, se descompone durante la digestión en formaldehído y ácido fórmico. El primero es un conocido cancerígeno que causa daños en la retina y actúa como alterador del ADN. Según los defensores del aspartamo, el metanol está presente de forma natural en muchos alimentos, como los zumos de frutas, y la cantidad que contiene el aspartamo no conlleva riesgos para la salud. Este último argumento, a su vez, es rebatido por los contrarios al aspartamo, que aducen que los zumos de frutas, como los cítricos, sí contienen metanol, pero de la misma manera que su antídoto natural, el etanol, que evita su transformación en formaldehído y ácido fórmico. Para concluir este intercambio de opiniones decir que sobre el aspartamo existen 166 estudios relevantes, de estos 74 han sido financiados de una u otra manera por la industria del aspartamo, dando como resultado la seguridad del edulcorante en la totalidad de los 74. 92 se han realizado de forma independiente, resultando que en 84 se apreciaba algún tipo de reacción adversa. Conclusiones. Tras todo lo expuesto, obligado resulta, aunque no poco complicado, llegar a algunas conclusiones, si bien éstas serán parecidas a las que pueda deducir cualquier persona de la lectura de este informe. Contra lo que se puede leer sí existen evidencias de que el aspartamo puede ser dañino para la salud. De igual forma parece que un consumo esporádico de alimentos que contengan aspartamo no puede afectarnos y que, hoy por hoy, los estudios realizados avalan que es necesario un período prolongado de ingesta de aspartamo para que éste pueda resultar peligroso. No obstante, al hallarse el aspartamo en tal cantidad de alimentos se hace difícil saber si uno consume mucho o poco y nadie nos puede asegurar que mañana o dentro de un año no aparezca un nuevo estudio que demuestre su peligro en dosis más bajas. Por ello no estaría de más evitar su consumo, o restringirlo, y buscar una dieta menos dulce pero, quizá, más sabrosa que la que nos pueda dar la abundancia de azúcar o el consumo de aspartamo.
(Este informe ha sido elaborado con la información publicada por The Ecologist para España y Latinoamérica en su número 5, donde se hace referencia directa a estudios de R.J. Wurtman,R.G. Walton, J.W. Olney, W. Monte y C. Trocho, y con las informaciones encontradas en Biociencia.com, galeon.com/bioaplicaciones y un artículo de la Asociación Mexicana de Estudios para la Defensa del Consumidor visible en lanic.utexas.edu) Nota: en caso de padecer fenilcetonuria, una enfermedad congénita rara por la cual se acumulan cantidades muy altas de fenilalanina en sangre, lo que resulta tóxico y origina retraso mental y otras alteraciones importantes que merman la salud y la calidad de vida, el aspartamo resulta nocivo. Por este motivo, en el etiquetado de los productos que incluyan este aditivo, es obligatorio que aparezca mensajes que aludan a la enfermedad, como "no apto para fenilcetonúricos" o "contiene una fuente de fenilalanina". La ingesta diaria admisible es de 0-40 miligramos por kilogramo de peso (SCF). Fuente: consumer.es, 20-1-2004
El aspartamo, ¿inocuo? El aspartamo de nuevo peligroso (julio 2007)
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