El propóleo proviene de la resina con que muchos árboles -sauce, castaño, roble, pino, cerezo, etc.- y arbustos cubren sus partes más tiernas para protegerlas de los ataques de microorganismos.

Las abejas recolectan estas resinas y le dan en sus colmenas dos usos bien distintos: por una parte les sirve para trabajos de "albañilería" como cerrar grietas, construir obstáculos y reducir las vías de acceso, consolidar cuadros, paneles y tabiques y, la que más importa para este apartado, barnizar el interior de la colmena con fines desinfectantes, recubrir, para estirilizar, las celdas de la crías o embalsamar los cadáveres de intrusos que, por su tamaño, no pueden expulsar de la colmena.

Esta última práctica, casi con toda seguridad, fue la que los egipcios, primeros apicultores de la historia, copiaron para sus embalsamamientos, en los que utilizaban propóleo para momificar y deja bien claro las propiedades bactericidas de este antibiótico natural, el propóleo o própolis. 

En la actualidad el propóleo, que cediera terreno en su día ante la aparición de modernos antibióticos, se usa principalmente de forma externa y tiene efectos, por su contenido en flavonoides, anestésicos, antiinflamatorios y desinfectantes.

Tradicionalmente se ha usado para evitar o suavizar los daños por afecciones de garganta, las infecciones bucales: llagas, heridas, quemaduras, algunos problemas dentales y enfermedades de la piel como micosis, acné juvenil, dermatitis, etc.

El propóleo está compuesto principalmente por resinas y bálsamos aromáticos y en menor medida por aceites esenciales, ceras y polen. Su aporte calórico es de 700 kc por cada 100 grs. y posee un 30% de hidratos de carbono.

No es recomendable administrarlo por vía oral a hipotensos, hipoglicémicos y embarazadas.

 

 

 

Fuente: Michel Merlet S.L., Aula Museo Las Abejas del Valle, www.tiatrini.com.mx y www.proapis.cl

 

VOLVER A PRINCIPAL  WB01339_.gif (896 bytes)