La mayoría del salmón que consumimos procede de la acuicultura; éste es un método antiquísimo que, desde luego, no tiene nada que ver con la acuicultura industrial de hoy en día: mientras que en aquella distintas variedades de peces ocupaban pequeñas albuferas y se alimentaban cada uno según su especie, en las piscifactorías de hoy se explota al máximo la producción de una sola especie recurriendo a todos los métodos necesarios -alimentación, antibióticos y pesticidas- para conseguir carne en abundancia y en poco tiempo. Puesto que la vida de estos salmones está al margen de su desarrollo natural, acaban teniendo un color más apagado, que se "anima" alimentándolos con colorantes, a veces peligrosos para la salud, como la cantaxantina.

Son, en definitiva, los mismos métodos que aplica la ganadería intensiva en tierra.

Y como en la ganadería intensiva la calidad de vida del animal, la calidad de su carne y la protección del entorno, todo ello redundando en la salud del consumidor, están sometidas a los resultados y a los beneficios de una explotación costosa, que con mayor tamaño, también, amortiza antes los cuantiosos gastos de las instalaciones.

El salmón noruego es el más consumido a nivel mundial y, aunque no puede criarse ajeno a las condiciones que, muy por encima, acabamos de relatar, hoy por hoy no tenemos constancia de que su cría sea tan costosa para la salud y el medio ambiente como la del salmón escocés.

Como publicaba The Ecologist en octubre pasado, la cría del salmón escocés ha experimentado un enorme aumento en su producción, pasando de producir 500 toneladas en 1980 a 120.000 en 1998. Los métodos utilizados para éste espectacular crecimiento se califican solos tras conocerlos.

Los criaderos escoceses alojan por término medio 500.000 peces que se amontonan en jaulas. Sus residuos no tratados, los excrementos y los productos químicos utilizados están acabando con la vida salvaje de muchos lagos y ríos de la bella Escocia. En el 2001 los criaderos escoceses vertieron al mar la misma cantidad de compuestos nitrogenados que las aguas negras producidas por una ciudad de tres millones de habitantes.

El hacinamiento, el tamaño de las explotaciones, los residuos... las mismas causas que en la ganadería intensiva llevan a utilizar productos químicos y antibióticos para evitar terribles epidemias se reproducen en la acuicultura escocesa. La consecuencia es la utilización masiva de productos, unas veces legales y otras no. Bien sea por denuncias o por muestras recogidas por veterinarios, existe evidencia de la utilización de productos como los que siguen en la cría del salmón escocés: Deosan Deosect, insecticida sospechoso de estar relacionado con desórdenes hormonales, cien veces más tóxico que los organofosforados; Ivermectine, neuroinsecticida tóxico; Dichlorvos, pesticida basado en organofosfatos, relacionado con tumores de páncreas, leucemia y cáncer de cerebro.

Otro hecho preocupante es la utilización de antibióticos en los peces y en el agua -10 toneladas fueron utilizados en 1995- que, ya por sí solos, aumentan las posibilidades de resistencia bacteriana en peces y personas.

Finalmente está la alimentación a la que son "sometidos" los salmones: las harinas de  pescado forman el 45% de su dieta, y estas harinas están hechas de pescado, de derivados de aves de corral -incluidas las plumas- y de sangre mezclada con maíz, soja y trigo.      

El último salmón que ha llegado a nuestro mercado es el chileno, procedente de una industria que nació hace sólo veinte años y que está experimentando un gran crecimiento. Fijándonos sólo en los perjucios medioambientales y para la salud, el salmón chileno, alimentado con harinas de pescado, consume buena parte de la pesca chilena, ya que cada kilogramo de salmón necesita de 1,3 a 2 kgs. de harinas, que se obtienen a partir de 10 kgs. de pescado.

No obstante, gran cantidad de estas harinas quedan depositadas en los fondos marinos, donde acaban pudriéndose y contaminando tanto el agua como a sus habitantes, motivo por el que el salmón chileno necesita hasta75 veces más antibióticos que el noruego. El crecimiento de esta industria está llevando a colonizar nuevas aguas y a contaminarlas.

Pero lo peor aún no ha llegado: como informamos en su día, el salmón podría ser el primer animal transgénico que se autorizara para el consumo humano. Este salmón transgénico,  que engordaría el doble comiendo menos, sin que el invierno fuera obstáculo para ello, podría ser autorizado en Estados Unidos, donde se realizan las investigaciones.

 

Estudio de la Universidad de Indiana sobre la peligrosidad del salmón criado en piscifactorías 10-1-2004     BD14565_.GIF (183 bytes)

 

 

 

 

Fuente: consumer.es, El País 24-6-2003 y The Ecologist, núm. 11.